Oda a la belle desnuda
Con casto corazón,
con ojos puros, te celebro, belleza,
reteniendo la sangre para que surja y siga la línea, tu contorno,
para que te acuestes a mi oda
como en tierra de bosques o de espuma,
en aroma terrestre o en música marina.
Bella desnuda,
igual tus pies arqueados
por un antiguo golpe de viento o del sonido
que tus orejas, caracolas mínimas
del espléndido mar americano.
Iguales son tus pechos de paralela plenitud, colmados por la luz de la vida.
Iguales son volando tus párpados de trigoque descubren
o cierrandos países profundos en tus ojos.
La línea que tu espalda ha dividido en pálidas regionesse pierde y surge en dos tersas mitades de manzana, y sigue separando tu hermosura en dos columnasde oro quemado, de alabastro fino,a perderse en tus pies como en dos uvas,
desde donde otra vez arde y se elevael árbol doble de tu simetría,
fuego florido, candelabro abierto,turgente fruta erguidasobre el pacto del mar y de la tierra.
Tu cuerpo, en qué materia,
ágata, cuarzo, trigo,
se plasmó, fue subiendo
como el pan se levantade la temperaturay señaló colinasplateadas,valles de un solo pétalo, dulzurasde profundo terciopelo,
hasta quedar cuajadala fina y firme forma femenina?
No sólo es luz que cae sobre el mundolo que alarga en tu cuerpo
su nieve sofocada,
sino que se desprende
de ti la claridad como si fuerasencendida por dentro.
Debajo de tu piel vive la luna.
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